Imperdibles:

sábado, 20 de septiembre de 2008

El día a día

Fíjate. Hace ya más de un mes que no he publicado ningún post. Y lo que es peor, hace ya más de un mes que no he entrado al blog. Supongo que lo más obvio es pensar que he estado un mes sin hacer nada. Y nada más lejos de la realidad. De hecho ha sido uno de los meses más enloquecedores y enriquecedores de mi vida. Por cosas cotidianas, del día a día. Y me pregunto: ¿qué haría Kurosawa cuando no estaba dirigiendo? ¿a qué dedicaba el tiempo libre? ¿cambiaba pañales?

Por lo demás, "Nada de nadie" va cumpliendo plazos y objetivos. Hoy mismo he visto un montaje que ya podemos llamar previo y deja entrever una película sobria, sutil... como a mi me gustan.

Seguimos.

lunes, 18 de agosto de 2008

Val del Omar


"Y, amigos míos, cuando se encanta, cuando se conquista, cuando se coacciona la libertad humana, sólo está justificado si existe un gran motivo poético y amoroso". José Val del Omar

La semana pasada (del 11 al 14 de agosto) han estado proyectando todas las películas de Val del Omar en la Cátedra de Cine de la Universidad de Valladolid. Para mí han sido días muy especiales, de reencuentro con sensaciones que identificaba con la adolescencia. Algunos preferirán otros directores, pero para mí no hay ninguno como Val del Omar.

De él hay que aprender a ser inconformista y a ver más allá de los tópicos transformándoles en una obra de arte total, repleta de lírismo y misticismo.



Val del Omar contaba que de niño le gustaba meterse debajo de la cama para, con una linterna y trozos de cristal tintado, realizar sus propias proyecciones. De ahí surge su idea del cine como un acto de fe y ahí empieza su principal problema: el inventor se ha comido siempre al artista, dada la ingente lista de innovaciones técnicas y la escasez de películas, solo dos: Aguaespejo Granadino (1955) y Fuego en Castilla (1961). Personalmente prefiero no incluir Acariño Galaico, que solo sirve para concluir lo que él mismo llamaba su Tríptico Elemental de España, pero no llegó a concluir.



Ya lo dice en uno de sus poemas de la serie "Tientos de erótica celeste" y recogido por Lagartija Nick en su disco homenaje: Las imágenes nos tocan, la luz y el sonido nos toca. Somos la retina, palpitación táctil.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Spleen

Hacía semanas que Simón acariciaba la idea griega de la nada, idea filosófica, pura concepción del espíritu (…). Y sin embargo, progresivamente caía en esa nada. Se dejaba arrastrar por ella como por una mujer misteriosamente seductora. Apartando sus otros pensamientos, se abandonaba al sentimiento y casi a la sensación de una desaparición total, sin resurgimiento ni despertar, sin señal de vibración o de palpitación, un estado que, como máximo, podía situarse antes del nacimiento o después de la muerte, una tiniebla, una ausencia en la que el alma misma desaparecería y con ella toda conciencia, toda existencia. Mentalmente repetía palabras mágicas como nada, vacío, jamás, no-ser; alejaba de su mente cualquier imagen de objeto o persona viva, cualquier sonido de voz, color u olor. Y se imaginaba su cuerpo, así aligerado, elevándose del suelo para fundirse en otra materia que a su vez se desvanecería en partículas imperceptibles. JEAN-CLAUDE CARRIERE.

lunes, 14 de julio de 2008

Paco Regueiro

La verdad es que yo como quién quiero ser es como Francisco Regueiro. Lo del nombre ya lo tengo. Un punto. Y lo de ser de Valladolid, también. Dos puntos. Me falta casi todo lo demás. El cine de Regueiro se define por una dialéctica de contrarios. Adora a Bresson tanto como a Orson Welles. Contrapunto es una de sus palabras clave, uno de sus rasgos estilísticos. Es barroco por carácter, aunque todo él esté atravesado por la ascética y por la mística.

El cine de Paco Regueiro destila ese veneno que produce a veces la inteligencia y que se convierte en poderoso reactivo de nuestras coartadas morales. Regueiro no es un artista que nos ofrezca consuelo, que nos reafirme en lo que estúpidamente llamamos nuestras convicciones. Paco Regueiro es un dinamitero del espíritu, un tipo que puede hacer pedazos las de los pusilánimes. Los singulares anti-héroes de las películas de Regueiro -del Simón Andreu de "El buen amor" o el Maurice Ronet de "Amador" al Fernando Rey de "Padre nuestro" o al Eusebio Poncela de "Diario de invierno", pasando por la Esperanza Roy de "Smashing up!" o la Concha Velasco de "Las bodas de Blanca"- han estado toda su vida huyendo, eludiendo una realidad a la que, inexorablemente, tendrán que regresar. La vida como huida o la imposible huida.

viernes, 11 de julio de 2008

A lo Cassavetes

John Cassavetes es otro francotirador del cine. Su filmografía define el término “cine independiente”. Des espaldas a la industria, sus películas no tienen principio ni final; reflejan instantes en la vida de sus personajes. Su forma de re-construir la realidad es un referente para nosotros. En otras cosas no: tenía fama de improvisar mucho, aunque realmente era más una dinámica de acomodar su guión a los intérpretes de cada película, con el fin de lograr una mayor identificación entre ambos, una mayor naturalidad. Además, Cassavetes era un apasionado del rodaje y siempre estaba atento a todas las emociones que surgían. Le encantaba trabajar con actores no profesionales que hiciesen de sí mismos. Con los profesionales utilizaba otra técnica: repetir el plano una y otra vez, hasta que los actores cambiaban sus gestos estereotipados, enriqueciendo sus personajes. También ha sido uno de los directores que más partido ha sacado a rodar los planos con dos cámaras.

martes, 8 de julio de 2008

Films d'art

En mi tarjeta de visita de la productora Desorden (hace ya mucho de aquello) incluía la expresión “films d’art” como una forma de identificar el tipo de cine que hacía. Cortometrajes con un profundo sentido literario, planos estáticos, actores de formación teatral, incluso una puesta en escena excluyendo la cuarta pared… El mejor ejemplo de aquella estética fue “La lluvia y los hongos”, una adaptación (casi) textual que hice en 1998 del cuento de Mario Benedeti. Pues bien, diez años después, mientras se está editando “Nada de nadie” vuelven a mi esas ideas, que evocan el cine mudo y que en nada se parecen a los cortometrajes que he hecho en los últimos años. ¿Una vuelta a los orígenes? ¿un paso atrás o uno adelante?

jueves, 26 de junio de 2008

Walter Murch

Ahora que estamos montando la película, aprovecho para retomar textos, ideas y películas para inspirarme. Y siempre acabo en Walter Murch. Decir que me interesa su trabajo es demasiado obvio, no deja de ser habitual colaborador de Coppola y ganador de Oscar (dos por diseño de sonido, uno por montaje). Además dice cosas como ésta:

"La decisión de cortar, en el cine, es muy similar a la decisión, en poesía, de dónde terminar cada verso. ¿Con qué palabra? Ese punto final poco o nada tiene que ver con la gramática de la frase. Es sólo que el verso está pleno en ese punto, lleno de significado y maduro de ritmo. Al terminarlo en el punto que lo hace, el poeta expone esa última palabra al vacío de la página, que es una forma de dar énfasis a la palabra. Si añade dos palabras detrás, sumerge a aquella palabra en el verso, y resulta menos visible, tiene menos significado. En el cine hacemos algo muy parecido: el final de un plano da a la imagen de ese último fotograma un significado añadido, que nosotros explotamos. Para determinar ese fotograma final observo intensamente el plano. Va pasando ante mí, hasta que, en un determinado punto, me estremezco, es casi un espasmo involuntario, un equivalente del parpadeo. El punto del espasmo es donde se termina el plano.” (Extracto de El arte del montaje)